Primeiro espello se adentra aún más en los senderos que Olalla Cociña ya había hecho suyos hace una década en Vestir a noite, que hasta ahora era su último libro de poemas: los destellos poderosos y algo amargos de esos instantes de memoria que, cuando se conquistan, deslumbran por su intensidad; lógicas inesperadas que se revelan evidentes una vez han sido enunciadas.
El libro de Olalla Cociña se inscribe en la literatura de lo onírico sin limitarse a transcribir la percepción dislocada de los sueños o sus contornos engañosos, sino buscando iluminar la rareza de esos cristales con una luz distinta a través de su incorporación al poema. Son textos que siempre pesan mucho menos que la impresión que dejan; privilegian ese tipo de sensación que se va expandiendo, que crece por dentro y que precisamente es mayor porque nunca se expone del todo.
Como señala Ildefonso Rodríguez en el preámbulo a los poemas, Olalla Cociña es una escritora que suspende límites, traslada sentidos, se dirige hacia lo inestable y lo intermedio. «Ni dormidas podemos dejar de ser quienes somos», apunta uno de los versos, pero en su escritura, Cociña también se desdobla continuamente, se sobrevuela, se observa desde el techo del cuarto mientras duerme. Extraños ángulos de cámara, una intuición que se desgarra para no volverse demasiado familiar, para no ser ajena al trabajo que supone reconocerse.